Una insignia de la modernidad

Publicado en: | 8 mayo, 2019

La arquitectura tiene la maravillosa misión de combinar la funcionalidad de espacios habitables con la estética de un diseño que estimule los sentidos.

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En el “México Moderno” que comienza en términos históricos al final de la década de los 40 en el siglo pasado y continúa hasta nuestros días, hay decenas de edificios que permanecen como la memoria viva de un sueño, largamente alimentado, lejano de concretarse, en el que todos los habitantes de cada ciudad y pueblo a lo largo y ancho del país tuvieran todas las comodidades y satisfactores de dicha modernidad.

Con una visión de presente, pero también de futuro, los arquitectos del pasado buscaron consolidar esta utopía de un México sin vecindades ni tugurios, que rápidamente crecían de manera horizontal en todos los barrios de la capital y su periferia y optar por crear conjuntos habitacionales en vertical, con el gran reto que eso implicaba, al estar la Ciudad de México en una zona sísmica de alto riesgo para estructuras de gran altura.

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Con esta consigna uno de los más notables arquitectos de su generación Mario Pani Darqui, defeño de nacimiento, fue el encargado de diseñar y construir la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco sobre un enorme lote vacío propiedad del gobierno federal, terrenos de cultivo y las ruinas de la extinta ciudad de Tlatelolco, que entre el s.XIV y el s.XVI vivió su época de gran esplendor albergando, entre otras muchas cosas, el mercado más grande de Mesoamérica.

Con la misma perspectiva moderna con la que hizo obras tan importantes como la Torre de Rectoría de Ciudad Universitaria de la UNAM o el Conservatorio Nacional de Música, el arquitecto Pani pensó en una serie de edificios de distintos formatos y alturas que a lo largo de tres súper manzanas o secciones y muy cerca del centro de la ciudad capital, podría albergar miles de departamentos de interés social, de nivel medio y alto, cuya calidad espacial todavía puede ser apreciada.

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Ciudad dentro de la ciudad
Además, Don Mario, previendo el crecimiento poblacional y en consecuencia el de la polución en esta metrópoli, puso como única condición para aceptar el proyecto el que el 60% del espacio urbanizable debían ser áreas verdes, lo que le da a Tlatelolco una esencia de “ciudad dentro de la ciudad” con gran cantidad de jardines y parques públicos. 11,916 departamentos y 2,323 cuartos de servicio en 102 edificios con 688 locales comerciales y 6 estacionamientos cubiertos con 649 cajones, 22 escuelas (11 preprimarias, 8 primarias y 3 secundarias), guarderías, 6 hospitales y clínicas, 3 centros deportivos, 12 edificios de oficinas administrativas, una central telefónica, 4 teatros y un cine diseñado por Julio de la Peña hacen de Nonoalco Tlatelolco uno de los espacios con mejor calidad de vida en la ciudad hasta nuestros días.

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Mientras su fachada está recubierta de gruesas capas de vidrio, traídas de Estados Unidos, su cima está coronada por un carrillón, un sistema de 47 campanas accionadas por un teclado mecánico, regalo del gobierno de Bélgica, en conmemoración a los 150 años de la Independencia de México. Además, las fachadas laterales del prisma ofrecen un mural abstracto cada una, integrados a la arquitectura del edificio, creación del artista plástico Carlos Mérida.

Hoy la Torre Insignia resucitó de sus cenizas, luego de un abandono de muchos años y después de la histeria colectiva que detonó el sismo de 1985 y la paranoia por los edificios altos. Luego de su apertura, este edificio fue durante casi tres décadas la sede del Banco Nacional de Obras Públicas (BANOBRAS) que era la institución que, junto con el ISSSTE, financió prácticamente todo el proyecto, tanto de la Unidad Habitacional como de la Torre Insignia, con fondos del gobierno federal.

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Por su belleza estética, su funcionalidad habitacional y logística, su integración de elementos plásticos y artísticos, su proyección al cielo, su durabilidad (hoy es considerado uno de los edificios más seguros del país y quizá del mundo) y su permanencia como símbolo de la zona, al ser incluso el gráfico que representa a Metro Tlatelolco y un orgullo de los habitantes de la unidad habitacional, la Torre Insignia es un inmueble fundamental para entender el desarrollo de la Ciudad de México y del país entero, al haber sido testigo de muchos de los momentos más importantes y dramáticos de nuestra historia: los sismos del 85 y el del 2017, el movimiento estudiantil de 1968 y la firma en 1967 del Tratado de Tlatelolco, para la erradicación de las armas nucleares en América Latina y el Caribe, entre otros momentos.

En Mejores Acabados hemos querido hacer un homenaje, no sólo a los arquitectos y artistas que han moldeado la estética de nuestros edificios durante décadas, sino a los inmuebles mismos, que son silenciosos protagonistas de la evolución de una sociedad que sigue, día a día, tratando de forjar su propia identidad y proyectarse al mundo como un país progresista y de vanguardia… en todos los terrenos.

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Salido de la mente del arquitecto Mario Pani y construido en la cima del México Moderno, el proyecto de la Torre Insignia es uno de los más importantes de su generación y a pesar del paso de los años y el consecuente deterioro de sus fachadas y estructuras, amenaza con permanecer muchos años más y hacia el futuro incrustado en el paisaje urbano, levantándose al cielo y mostrando orgulloso su rostro de aluminio y concreto al bello horizonte de la Ciudad de los Palacios, la Ciudad de México.

Te invitamos a disfrutar el articulo completo en nuestra edición de septiembre.

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